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lunes, 18 de julio de 2022

EL TREN LLEGA A TERUEL (III)

 

 

Retrato de Segismundo Moret Prendergast
 

 

SEGISMUNDO MORET PRENDERGAST

Aunque la construcción del ferrocarril Central de Aragón fue impulsada por un conglomerado belga con intereses en otros muchos negocios de similar índole en nuestro país, como el madrileño Ferrocarril de Tajuña o los tranvías de Bilbao, sus promotores decidieron colocar al frente de la compañía a uno de los personajes más destacados de la política, los negocios y la cultura española del siglo XIX; Segismundo Moret Prendergast, quien contaba con una extensísima red de contactos y relaciones, lo que sin duda contribuyó a facilitar la acción de los empresarios belgas y la obtención de suculentas subvenciones y ayudas públicas.

 

Nacido en Cádiz el 2 de junio de 1838 en el seno de una familia acomodada, con vinculaciones tanto con la administración pública como con el comercio ultramarino, siendo niño se trasladó a Madrid, donde cursó estudios con los Padres Escolapios de Getafe y, más tarde, de Derecho en la Universidad Central de Madrid. Tras su graduación en 1858, logró la cátedra de Instituciones de Hacienda en 1863.

 

Defensor del librecambismo, pronto se implicó en la vida política del país, en la que desde su juventud destacó por su brillante oratoria. En 1863 fue elegido diputado independiente por Almadén y, aunque poco después renunció a su escaño, tras la revolución “Gloriosa” de 1868, fue reelegido por Ciudad Real, lo que le permitió participar en la redacción de la Constitución de 1869.

 

En 1870 fue nombrado por el general Prim ministro de Ultramar, cargo desde el que impulsó la progresiva abolición de la esclavitud en Puerto Rico. Un año más tarde, fue nombrado ministro de Hacienda en el primer Gobierno de Amadeo I, aunque su paso por este nuevo puesto fue breve, ya que ese mismo año fue designado embajador en Londres.

 

Descontento con la evolución de la política en España, tras dimitir como embajador mantuvo su residencia en la capital británica para implicarse en el sector bancario, no regresando a España hasta la restauración borbónica en 1875. A su retorno fundó el Partido Democrático-Monárquico, fusionado en 1882 en Izquierda Dinástica para integrarse en 1885 en el Partido Liberal de Sagasta.

 

Durante la Restauración, Moret alcanzó puestos de relevancia y ocupó los ministerios de Gobernación, Estado o Fomento. Su defensa a ultranza del liberalismo, pronto le granjeó la oposición de las burguesías catalana y vasca, que abogaban por el proteccionismo para defender sus nuevos negocios industriales.

 

En 1897 fue nombrado ministro de Ultramar, coincidiendo este último cargo con la grave crisis colonial, a la que intentó poner freno con la concesión de la autonomía de Cuba y Puerto Rico e, incluso, cuando el final parecía inevitable, tanteó la posible venta de estos territorios a los Estados Unidos. Pese a su constante búsqueda de soluciones diplomáticas al conflicto, frente a las posiciones belicistas que defendía la mayor parte de la clase política del país, no pudo evitar la definitiva independencia de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

 

Pese a su fracaso, Moret mantuvo su liderazgo político y entre 1905 y 1906 ostentó la presidencia del gobierno, para retornar al cargo tras la Semana Trágica de 1909 hasta febrero de 1910. Dos años más tarde fue nombrado presidente del Congreso, cargo en el que se mantuvo hasta su muerte, que tuvo lugar en Madrid el 28 de enero de 1913.

 

Moret, como otros muchos políticos de la época, compaginó su actividad parlamentaria y ministerial con la gestión de diversos negocios, muchos de ellos ligados a capitales extranjeros, como es el caso de la presidencia del ya citado ferrocarril Central de Aragón, el Banco General de Madrid o la Sociedad General de Fosfatos de Cáceres. Precisamente el poblado situado en estas minas aun lleva el nombre del ilustre político gaditano.

 

Probablemente, la obra más recordada de Moret sea la creación de la Comisión de Reformas Sociales, organismo que representó el primer intento para afrontar la dramática situación del proletariado español. Aunque sus resultados fueron limitados, fue el primer paso para impulsar objetivos más ambiciosos como el Instituto de Reformas Sociales, promotor de la legislación social de las primeras décadas del siglo XX. Además, en 1890 logró que se promulgara el sufragio universal masculino.

 

Segismundo Moret también participó activamente en la vida cultural del país y presidió la Academia Matritense de Jurisprudencia y Legislación; el Ateneo Científico y Literario de Madrid; la Institución Libre de Enseñanza, y la Real Sociedad Geográfica. Asimismo, publicó numerosos trabajos como El capital y el trabajo ¿son armónicos o antagonistas? (1861), La familia foral y la familia castellana (1862), Perjuicios que causa el proteccionismo en las clase obreras (1863), La representación nacional, teoría del sufragio (1884), Centralización, descentralización, regionalismo (1900) o El problema social agrario en España (1904).

 

 
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