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martes, 26 de enero de 2021

EL TREN LLEGA A COLLANZO (II)

 

 

Busto de Víctor Chávarri Salazar, realizado por el escultor Miquel Blay Fábrega, que preside la estación de la antigua Compañía de los Ferrocarriles de Santander a Bilbao de la capital vizcaína. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi

 

VÍCTOR CHÁVARRI SALAZAR

 

Si alguien protagonizó la génesis del ferrocarril de la Sociedad VascoAsturiana éste fue, sin duda, el empresario portugalujo Víctor Chávarri Salazar, uno de los más destacados impulsores del rápido desarrollo económico e industrial que experimentó Bizkaia en las últimas décadas del siglo XIX y promotor de toda clase de iniciativas en campos tan diversos como la minería, la siderurgia, los transportes, la banca o el sector inmobiliario.

 

Víctor Chávarri vino al mundo en Portugalete (Bizkaia) el 23 de diciembre de 1854, en el seno de una familia acomodada, con una larga trayectoria en la explotación de los afamados minerales de hierro de Bizkaia. A comienzos del siglo XIX su abuelo, José Francisco Chávarri, trabajaba en sociedad con otros apellidos ilustres de la zona como los Ybarra y los Mier, con los que en 1827 formó la principal firma comercializadora de mineral de hierro de la época en la región.

 

Tras cursar el bachillerato en Bilbao, Víctor Chávarri amplió su formación académica en Lieja (Bélgica), donde en 1878 obtuvo el título de ingeniero de Artes y Manufacturas por la Escuela de Ingeniería. Finalizados sus estudios regresó a la capital vizcaína y, tras trabajar brevemente para los Ybarra, decidió establecer sus propios negocios. De este modo, y gracias a las diversas participaciones en explotaciones mineras que heredó de su familia, a los amplios conocimientos técnicos que adquirió durante su estancia en Bélgica y a su gran iniciativa, Chávarri desplegó una impresionante actividad empresarial que tendría como eje la concentración vertical del proceso de transformación industrial del hierro, desde la mina hasta el consumidor, siendo su principal obra la creación de la Sociedad Anónima de Metalurgia y Construcciones Vizcaya, conocida como La Vizcaya, en Sestao (Bizkaia), germen junto con Altos Hornos de Bilbao de la futura Altos Hornos de Vizcaya.

 

Muchos fueron los negocios mineros de Víctor Chávarri; desde las explotaciones familiares en el monte Triano hasta los cotos de Ollargan (Bilbao), Arditurri (Gipuzkoa), la sociedad Anglo Vasca de las Minas de Córdoba, Chávarri, Lecoq y Cía., minas de La Garrucha (Almería) y un largo etcétera. No solo el hierro, también el carbón, fundamental en los procesos siderúrgicos, atrajo el interés del portugalujo, destacando en este sector las Hulleras de Turón (Asturias), cuyo combustible alimentaba sus altos hornos de Sestao.

 

Fueron también numerosas las empresas del sector transformador capitaneadas por Chávarri: los Talleres de Miravalles, de Chávarri, Petrement y Compañía, la sociedad Santa Bárbara de explosivos, o el Delta Español. También participó en iniciativas tan dispares como la Unión Resinera Española, la Sociedad de Fomento de la Cría Caballar Vizcaína, la Bolsa de Comercio de Bilbao, la Fábrica de Vidrios de Lamiako o la Papelera del Cadagua. En cuanto al ferrocarril, su presencia fue decisiva en los del Cadagua, Zalla a Solares, la Compañía de los Ferrocarriles de Santander a Bilbao, Bilbao a Lezama o la Vasco-Asturiana. Además, jugó un papel determinante en la innovación tecnológica en este ramo, al liderar la Compañía Vizcaína de Electricidad, empresa que puso en marcha el primer tranvía eléctrico del país entre Bilbao y Santurtzi.

 

Implicado también en numerosos negocios inmobiliarios, Víctor Chávarri decidió establecer su residencia en un magnífico palacete situado en la bilbaína Plaza Elíptica, entonces prácticamente un descampado del nuevo ensanche de la ciudad, con lo que esperaba poner en valor los terrenos que había adquirido en la zona. Asimismo, participó en diversas operaciones urbanísticas en Las Arenas.

Como otros muchos empresarios de su época, Víctor Chávarri también se implicó en la política nacional para defender directamente sus intereses empresariales. Fue diputado a Cortes desde 1886 hasta 1890, y senador por Bizkaia desde 1891 hasta su fallecimiento en 1900. Inicialmente tomó partido por el fusionismo de Sagasta, pero ante las políticas arancelarias promovidas por el político riojano, muy perjudiciales para sus industrias, no dudó en cambiar de bando y sumarse a las filas de Cánovas, más proclive al proteccionismo que demandaban los nacientes negocios del empresario vizcaíno.

 

La intensa vida de Víctor Chávarri se vio bruscamente truncada el 29 de marzo de 1900, cuando apenas contaba con 45 años de edad, al sufrir un derrame cerebral mientras se encontraba en la estación de ferrocarril de Saint Charles (Marsella). Aunque sus herederos prosiguieron y ampliaron sus negocios, la desaparición de un personaje tan controvertido como genial e impulsivo, truncó algunos de sus principales proyectos, como la conformación de una gran compañía ferroviaria que controlase todos los ferrocarriles de vía métrica del Cantábrico. 

 

 
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