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viernes, 2 de octubre de 2020

160 AÑOS DE FERROCARRIL EN NAVARRA (III)

 

 

Sabotaje carlista en las proximidades de la estación de Pamplona. Archivo de Juan Pardo Gil

 

EL ROBO DE DOS LOCOMOTORAS

Navarra fue uno de los principales escenarios de la tercera guerra carlista, que tuvo lugar entre los años 1872 y 1876. Los ferrocarriles, dado su indudable papel estratégico, fueron desde el inicio del conflicto uno de los principales objetivos de las partidas carlistas, que sabotearon vías, descarrilaron locomotoras e incendiaron estaciones, con el propósito de paralizar la circulación de los trenes con los que sus enemigos, el ejército liberal, movilizaba sus tropas y pertrechos con facilidad.

A medida que avanzaba la guerra, y cuando los carlistas comenzaron a controlar de forma estable buena parte de las provincias vascas y navarras, decidieron utilizar el ferrocarril en su propio provecho, no solo para trasladar sus ejércitos, sino también para ofrecer ante las potencias europeas la imagen propia de un estado consolidado. De este modo, el 26 de mayo de 1875 el pretendiente Carlos VII inauguró en Tolosa (Gipuzkoa), el denominado “Ferrocarril Carlista”, que pronto extendería su radio de acción entre Andoain y Salvatierra de Álava.

 

Inauguración del ferrocarril carlista. La explotación de este servicio se vio dificultada por la falta de locomotoras. Archivo de Juan Pardo Gil
Uno de los inconvenientes que tuvieron que afrontar los rectores del “Ferrocarril Carlista” era que únicamente disponían de una locomotora de vapor para atender el servicio, ya que, a medida que avanzaban las tropas carlistas, la Compañía del Norte había procurado retirar hacia territorios controlados por el gobierno central todo el material motor y remolcado posible. Naturalmente, cualquier avería en esta máquina amenazaba con paralizar un servicio que estaba ofreciendo muy buenos resultados, tanto en su explotación como en su papel propagandístico de la nueva administración de Carlos VII.

 

A falta de otra alternativa, los carlistas decidieron robar dos locomotoras que, en aquel momento, se encontraban pendientes de reparación en la estación de Pamplona, motivo por el que no habían podido ser retiradas por los gubernamentales. Esta dependencia se encontraba en “tierra de nadie”, dado que la ciudad se mantenía en manos del gobierno, pero estaba completamente sitiada por los rebeldes. De este modo, el 11 de noviembre de 1875 el 8º Batallón de Navarra, al mando del teniente coronel Leonardo Garrido, entró en los talleres del ferrocarril de Zaragoza a Pamplona y con la ayuda de varias yuntas de bueyes logró sacar del depósito las dos locomotoras. Se sabe que una de ellas era la Nº 31, una máquina para el servicio de mercancías construida en 1861 por la firma británica Beyer &Peacock.

La operación no estuvo exenta de riesgos, ya que al darse cuenta de lo que sucedía, las tropas gubernamentales abrieron fuego sobre la estación. Sin embargo, los carlistas lograron alcanzar su objetivo, al parecer sin bajas. En cambio, el posterior traslado hacia Gipuzkoa se vio dificultado por el mal estado de la vía y las intensas nevadas que cayeron aquellos días. Además, fue preciso someterlas a importantes reparaciones, por lo que no pudieron entrar en servicio hasta el 13 de febrero de 1876.

 

Fotografía de la locomotora Nº 31 del ferrocarril de Zaragoza a Pamplona, robada en la estación de la capital navarra por los carlistas. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

Poco pudieron aportar las locomotoras robadas en Pamplona al “Ferrocarril Carlista”, ya apenas habían transcurrido cinco días desde su puesta en servicio cuando los carlistas abandonaron Tolosa ante el avance del ejército gubernamental. Semanas más tarde, el 2 de marzo de 1876, se rindieron los últimos rescoldos del ejército rebelde y el ferrocarril del Norte pudo recuperar la normalidad.

 

 
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