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19 marzo 2019

 

EL FERROCARRIL DE LUTXANA A MUNGIA (III)

 

 

 


Retrato de Salustiano Orive tomando su propio enjuague bucal
 
EL PROMOTOR, SALUSTIANO ORIVE OTEO (1842-1913)
 
No cabe duda que la mayoría de los lectores reconocerán la marca «Licor del Polo» como una de las firmas más destacadas en la industria de la higiene bucal de nuestro país. Sin embargo, lo que pocos sabrán es que tras ella se encuentra la figura del principal promotor del ferrocarril de Lutxana a Mungia, el farmacéutico riojano Salustiano Orive Oteo.
 
Nacido en la bonita villa riojana de Briones en 1842, en el seno de una familia de agricultores, Salustiano Orive trabajó desde su niñez, primero en el campo, luego como telegrafista y ya en Madrid, donde estudió por libre la carrera de Farmacia, como vendedor de periódicos.
 
Una vez obtenido el título, Orive decidió afincarse en Bilbao, Villa en la que el año 1870 estableció una casa de baños, el Balneario de Salustiano Orive, y una farmacia en el número 7 de la histórica calle de Askao, desde la que emprendió una vertiginosa carrera profesional y comercial, al mismo tiempo que se convertía en el centro de una activa tertulia liberal, republicana y anticlerical.
 
Los inicios empresariales de Salustiano Orive se vieron interrumpidos por el estallido de la tercera Guerra Carlista y el sitio al que fue sometido Bilbao entre el 21 de febrero y el 2 de mayo de 1874. Fiel a su ideario político, Orive se alistó en la Primera Compañía del batallón de Auxiliares, al mando del capitán Juan Recacoechea, y participó activamente en las operaciones de defensa de la villa. Además, participo de forma destacada, tanto a nivel local como nacional, en el Partido Republicano Federal, que lideraba Francisco Pi i Margall.
 
Al parecer, una traumática extracción de muelas impulsó a Salustiano Orive a interesarse por la higiene bucal y por buscar una solución eficaz, sencilla y barata a las múltiples enfermedades dentales. Fruto de su trabajo fue el desarrollo del famoso colutorio «Licor del Polo», realizado a partir de la mezcla de diversos extractos vegetales.
Antigua publicidad del producto estrella de Salustiano Orive; el Licor del Polo. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
 
A partir de 1871 Orive emprendió la fabricación y comercialización de su famoso licor y ese mismo año obtuvo la primera mención honorífica en una exposición celebrada en Valladolid. Dos años más tarde obtuvo otra mención similar en Madrid y en Viena le concedieron el «Gran Diploma al Mérito Reconocido». En todo caso, el éxito de su producto no se debía únicamente a sus cualidades terapéuticas, sino, también, a las atrevidas técnicas publicitarias utilizadas por su fabricante, desconocidas en la época y que en cierto modo recuerdan a las agresivas campañas actuales. De este modo, en pocos años, el «Licor del Polo» se popularizó en toda España, lo que requirió multiplicar su producción. Para ello, Orive estableció una fábrica en el bilbaíno barrio de Deusto, considerada en su momento como un modelo, tanto en su organización como en el trato a obreros y empleados.
 
Salustiano Orive destinó buena parte de la fortuna que amasó con sus productos higiénicos a diversas obras filantrópicas. Asimismo, también invirtió diversas sumas en otras empresas, incluidas las ferroviarias. En concreto, adquirió 39 acciones del ferrocarril de Las Arenas a Plentzia, aunque, sin duda, su intervención más destacada en el sector fue la que realizó en el ferrocarril de Lutxana a Mungia, del que adquirió un paquete de 196 títulos, lo que lo convirtió en el principal accionista de la compañía, en la que ostentó el cargo de vicepresidente. En su honor, una de las locomotoras adquiridas para esta línea fue bautizada con su apellido; la Nº 4, «Orive».
Una de las locomotoras del ferrocarril de Lutxana a Mungia fue bautizada como «Orive» en homenaje al principal accionista de la empresa. Fotografía de John Blyth. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
 
Su fuerte carácter le llevó a protagonizar fuertes disputas con su familia y sus competidores, lo que le llevó con frecuencia a los juzgados y le costó el destierro de Bilbao a Logroño en 1910, lo que implicó el traslado de sus laboratorios desde Deusto a la capital riojana. Su gran fortuna tardó décadas en ser repartida entre sus hijos  naturales y legítimos y su testamento hológrafo fue quizás su última excentricidad.
 

 

 

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