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historiastren.blogspot.com.es

8 mayo 2015

Publicado por 

ANTONIA IRIARTE

 
Dña. Antonia Iriarte, junto a su hijo, Javier Gurrutxaga, durante su visita al Museo Vasco del Ferrocarril en el verano de 2009
 

Hoy leo en la prensa la noticia del fallecimiento de la donostiarra Antonia Iriarte. Tal vez su nombre no diga mucho a los lectores de este blog pero, probablemente, les resulte más familiar su hijo: el cantante, actor y showman Javier Gurruchaga. Personalmente, recuerdo la visita de ambos al Museo Vasco del Ferrocarril el verano de 2009, cuando tuve el placer de acompañarles personalmente en su visita.
 
Es un secreto a voces la afición de Javier Gurruchaga al ferrocarril, usuario habitual de los servicios de Renfe en sus desplazamientos desde su ciudad natal, San Sebastián, a Madrid o Barcelona. Asimismo, muchas veces ha manifestado su cariño por el tren en programas de radio o televisión, entre los que destaca La Cucaracha Express, ambientado en un vagón de ferrocarril, o su último trabajo, El maquinista de la General. Sin embargo, la relación de este artista donostiarra con el ferrocarril está marcada por uno de los episodios más trágicos de la historia de nuestro país: La Guerra Civil y la represión de los franquistas sobre los vencidos.
 
En efecto, Javier Gurruchaga es hijo, sobrino y nieto de ferroviarios represaliados durante la Guerra Civil, simplemente por haber obedecido las órdenes de sus legítimos superiores. Todos ellos trabajaron en el desaparecido ferrocarril del Urola, que comunicaba las villas guipuzcoanas de Zumárraga y Zumaya y cuyo principal centro era la estación de Azpeitia, actual sede del Museo Vasco del Ferrocarril.
 
El primero de los Gurruchaga en ingresar en la plantilla del Ferrocarril del Urola fue el abuelo de Javier, Antonio Gurruchaga Eizaguirre. Antonio Gurruchaga había trabajado durante 24 años en la Compañía del Tranvía de San Sebastián y, enterado de las primeras convocatorias para conformar la plantilla del nuevo ferrocarril, presentó su solicitud de ingreso el 15 de septiembre de 1925.
 
Dada su dilatada experiencia, Antonio Gurruchaga superó con facilidad el proceso de selección e ingresó en el Ferrocarril del Urola el 10 de diciembre de 1925, un par de meses antes de la inauguración del tren, que tuvo lugar el 22 de febrero de 1926. En principio, ocupó el puesto de interventor en ruta, con residencia en la estación de Zumaya-Puerto y un sueldo anual de 2.400 pesetas, así como un complemento de otras 900 pesetas por realizar funciones de inspector de conductores.
 
A Antonio pronto le siguió su hijo mayor, Juan Bienvenido Gurruchaga Echeverría, que también trabajaba en la Compañía del Tranvía de San Sebastián y que ingresó en el Ferrocarril del Urola el 2 de julio de 1926 en calidad de mozo de tren autorizado y un sueldo de 2.100 pesetas. Dos años más tarde, el 1 de abril de 1928, ingresó otro de sus hijos, Bernardino, con el cargo de escribiente meritorio y un sueldo de 900 pesetas. Por último, el 10 de octubre de 1931 accedía a la plantilla del Ferrocarril del Urola el tercero de los hermanos Gurruchaga y padre de Javier, Vicente Gurruchaga, en este caso como factor meritorio, sin sueldo, de la estación de Zumaya-Empalme.
 
Como es sabido, el 18 de julio de 1936 estalló la Guerra Civil y, aunque en un principio Guipúzcoa se mantuvo leal a la República, su territorio pronto fue ocupado por el autoproclamado ejército nacional. De este modo, el 20 de septiembre de 1936, ante la inminente entrada en el valle del Urola de las tropas del General Mola, los cuatro ferroviarios de la familia Gurruchaga obedecieron, al igual que la mayor parte de la plantilla del tren del Urola, la orden de la dirección del ferrocarril de evacuar hacia Vizcaya. Pocos días después, el nuevo Consejo de Administración del Ferrocarril del Urola, compuesto por diversos dirigentes franquistas, procedió a la disolución de la antigua plantilla y marcó un plazo improrrogable de tres días para solicitar el reingreso.
 
Evidentemente, como todos los mienbros de la familia Gurruchaga se encontraban en la zona leal a la República, difícilmente podían atravesar la línea del frente y tramitar la solicitud de reintreso, por lo que aquellos que habían usurpado el poder legítimo de las urnas mediante la violencia, consideraron a todos los efectos que habían abandonado voluntariamente su puesto de trabajo. En consecuencia, todos ellos, perdieron su trabajo en el Ferrocarril del Urola.
 
Aunque los Gurruchaga solicitaron en diversas ocasiones el reingreso, no llegaron a alcanzar su objetivo sino una vez iniciada la transición de la dictadura franquista a la democracia. Antonio y Juan Bienvenido, ya fallecidos no lograron el reconocimiento que lograron en 1979 Bernardino y Vicente quienes, tras un largo proceso judicial, obtuvieron el reingreso en el Ferrocarril del Urola. Evidentemente, y dado el tiempo transcurrido, la readmisión solo les sirvió para conseguir una pensión de jubilación acorde con la categoría laboral que les habría correspondido en caso de no haber sido expulsados de la plantilla del ferrocarril.
 
Sirvan por tanto estas líneas, como sencillo homenaje a todos los ferroviarios represaliados y también a sus familiares como es el caso de Antonia Iriarte, victimas también de la sinrazón de la Guerra Civil.
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