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ELTIEMPO.COM

4 enero 2013

El tren: al fin, ¿va despacio o rápido?

Por carlosfpardo el 1 de Enero 2013 7:15 PM

Mientras los chinos (ciudadanos de la China) celebraron la semana pasada la línea más larga de tren de alta velocidad (y después la inauguraron con una hora de retraso), nosotros nos fuimos con chinos (muchachitos), abuela y tío a dar el paseo por el Tren Turístico de la Sabana y después a la Mina de Sal de Nemocón.
La historia del Tren de la Sabana es muy bonita, pero si me pongo a contarla me desvió del tema (y digo muchas mentiras porque en realidad no me la sé bien). Lo único que vale la pena decir aquí es que hace unos 100 años llegó a nuestro país este tren, que alguna vez fue de última tecnología y hoy es... pues de primera tecnología (¿sí tiene sentido?).

 

Al llegar a Colombia en el siglo XIX, el tren era comparable con el sistema de Nueva York y otros sitios, un gran orgullo de la modernidad. Las razones por las que seguimos aún con el mismo tren y por las que lo único que transportamos en las líneas férreas del país es carbón (98% del transporte férreo de carga) y turistas los fines de semana no son totalmente claras, pero el caso es que todavía anda ese aparato, de carbón y todo, casi por chiste... como diciendo "miren, Thomas y sus amigos están en Bogotá - y ese tren que viene ahí es James!" (o ese fue el cuento que le echamos a mi hijo para que se emocionara aún más).
Distinto de lo que otras personas en el paseito sintieron, a mí lo que me emocionó de ir en el tren por tercera vez en mi vida fue pensar en Stephen Kern, Wolfgang Schivelbusch, Filippo Marinetti y la Teoría de la Reatividad Especial. Espero no aburrirlos con el intento de explicación, sin un orden en particular:
Stephen Kern escribió un libro que transformó mi forma de pensar en el tiempo y el espacio, pues se trata de la forma como se percibieron esas dos dimensiones desde 1880 hasta 1918. La cita que sirve aquí (traducción mía) es: "La bicicleta era cerca de cuatro veces más rápida que caminar y se publicaron avisos sobre la posibilidad de sufrir de "cara de bicicleta" por moverse contra el viento a esas altas velocidades".
¿No es MUY buena cita? Mucho. La idea de pensar que al final del siglo XIX la bicicleta era algo RÁPIDO solamente ha vuelto a verse como algo lógico cuando se comenzaron a hacer carreras de modos y la bicicleta salió ganando todas las veces, y más teóricamente con la idea de velocidad efectiva. ¡Pero esque uno nunca pensaría que la bicicleta sería vista como un vehículo PELIGROSO por lo rápida que podría ser! ¿Y que la gente tuviera riesgo de tener "cara de bicicleta"? Increíble como cambia el tiempo. 
Ya, respiro profundo y sigo con otra cita, que encontré en un libro de citas sobre ciencia, habla sobre la forma como se percibían los trenes en el siglo XIX: "Los ferrocarriles son halados a la enorme velocidad de 20 km/h por 'motores'... El Todopoderoso seguramente nunca buscó que la gente viajara a esa velocidad" (atribuida a Martin Van Buren, Gobernador de Nueva York). También, en su hermoso libro, Schivelbusch dice que "El tren se percibía como un proyectil, y viajar en él era como ser disparado a través del paisaje".
Por si no se dieron cuenta de la aparente contradicción, el Sr Gobernador dijo "la enorme velocidad de 20 km/h", y Schivelbusch dice algo parecido, que la velocidad del tren era demasiado alta... perdón, pero esto de pensar que ese chucu-chucu va rápido es casi inaudito.
Claro, ahí empieza mi nostalgia. ¿Por qué teníamos que olvidarnos de lo que podría llamarse "la velocidad calmada"? ¿Cuándo se nos ocurrió que tocaba ir más rápido que eso? (Lo digo por las consecuencias que esto ha tenido en el desarrollo urbano, en general en la percepción del tiempo y el espacio, y eventualmente en la vida como tal). 
Pueden echarle la culpa al señor Filippo Tommaso Marinetti, un futurista a ultranza. En el Manifiesto Futurista de 1909, al man se le ocurrió decir lo siguiente: "Declaramos que el esplendor del mundo se ha enriquecido por una nueva belleza: la belleza de la velocidad. Un automóvil en carrera con su capó adornado por grandes tubos como serpientes y un aliento explosivo... un carro que parece correr con fuego de metralleta, es más bello que la Victoria de Samotrace". Bueno, la culpa también la tuvieron después Le Corbusier y otros, pero digamos que el Manifiesto Futurista fue la primera publicación que abiertamente AMÓ la velocidad en sí misma y la puso en un pedestal. Guaca.
No voy a entrar en la parte más aburridora de lo hipermóvil, la relatividad especial ni nada de eso, pero con gusto les echo la lora algún día. Lo que me interesa aquí es la experiencia del viaje y lo que significa para nosotros. ¿Qué pensaba mi hija en la primera foto? ¿Qué piensan ustedes cuando van en su carro a ____ km/h (insértese velocidad a la que prefieran o acostumbren viajar)? ¿Qué piensa este señor invisible frente al vagón de metro que lo dejó botado?
Y, ahora, después de todo esto, ¿qué piensa usted de la velocidad?
 Yo tengo cuatro moralejas de mi paseito del domingo:
-  Nada va rápido si no hay algo que vaya despacio para tener como referencia
- Nada va despacio si no hay algo que vaya rápido para tener como referencia
- Hay que aprender a ir despacio (y a ir rápido) y dónde hacerlo
- La Mina de Sal de Nemocón, me perdonarán ustedes, es un paseo más bien aburrido
Y con esto, los dejo. Feliz 2013.
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