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27 enero 2019
Extremadura
El tren digno y la Virgen de Guadalupe

Moviliza mucho más un R-598 parado en medio del campo que una declaración del arzobispo de Toledo
En Extremadura, el tren está de moda. Hacemos chistes sobre el tren, pactos sobre el tren, debates sobre el tren y críticas acerbas sobre el tren, pero no viajamos en tren. El ferrocarril, al que llevábamos muchos años sin prestarle atención, se ha convertido en el gran tema. Es más, parece el único tema. Es mucho más, el tren es el hallazgo político del siglo XXI: por fin tenemos una referencia para luchar unidos, quejarnos juntos, reivindicar a la vez y manifestarnos en masa.
Y muy importante: el tren de la vergüenza, como lo llaman los medios nacionales, nos pone a la cabeza de las regiones maltratadas con las que hay que ser más solidarias, abundando en esa posición envidiable en el imaginario político colectivo de ser la antítesis de la bicha autonómica: Cataluña. Frente al catalán mimado y rico, el extremeño oprimido, desheredado y pobre.
Mucho rédito nos ha dado el tren en estos últimos tiempos. Sin embargo, seguimos sin montar en él. Cuando comentas que vas en tren a Mérida o a Madrid, te hacen un par de chistes y bromean llamándote valiente. ¿Pero saben en realidad de lo que hablan, montan con frecuencia en el tren extremeño? El tren no es una opción en Extremadura desde hace muchos años. La culpa es de Renfe, claro está, que no modernizó las líneas ni los convoyes, y de los políticos, que no reclamaron como debieran. De hecho, hasta que no aparece el canto de sirena del AVE, el tren no había tenido ningún protagonismo político. Sin embargo, no debemos idealizar la realidad: el tren nos importaba un bledo a casi todos.
A veces, Renfe había hecho esfuerzos por atraernos a sus convoyes, como cuando decidió regalar la comida en los viajes del TER Madrid-Lisboa. Pero nosotros hemos ido abandonando el tren y el tren nos ha ido abandonando a nosotros. A pesar de todo, sigue siendo la opción viajera más agradable, la única que permite dar un paseo (no hagan chistes, por favor), acercarse al vagón cafetería en el Talgo, leer, escribir a pesar del traqueteo. Siendo unos trenes horribles, conservan un punto de atractivo que les da algunas ventajas sobre el coche y el autocar.
Aún quedamos viajeros que disfrutamos del paisaje de Tierra de Barros, del entorno de Monfragüe, de las llanuras del Tiétar con Gredos al fondo, de la Sierra de San Pedro. Rompo una lanza por el tren más miserable porque aun siéndolo, mantiene un encanto que no tiene ningún otro medio de locomoción. Eso sí, hay que montarse en él y los extremeños, desde hace un cuarto de siglo, pasamos del tren, es más, solíamos despreciarlo sin conocerlo.
Con nuestro ferrocarril está pasando lo que ocurrió con Valdecaballeros o con los intentos de reforma agraria a finales del siglo XX, que eran temas que a la mayoría nos quedaban un poco lejos, pero los convertimos en nuestra causa común. Eran elementos motivadores de diseño, prefijados estratégicamente para convertirlos en aglutinantes de la reivindicación y la lucha. Después, ya en el siglo XXI, la Virgen de Guadalupe 'toledana' fue elegida como estandarte.
Pero no es fácil convertir un referente religioso en bandera de agravio. Es una cuestión demasiado abstracta y no muy humillante. Lo del tren escuece, que Guadalupe sea de Toledo solo pica un poco. Nadie convoca un Pacto por la Virgen y nunca movilizará tanto una declaración de un arzobispo de Toledo como un tren parado en medio del campo.
Pero la virtud fundamental del tren como agravio aglutinante es su carácter espontáneo. Nadie ha diseñado el caso del ferrocarril extremeño como estrategia política. El tren de la vergüenza siempre ha ido por delante de los partidos y han tenido que reaccionar cuando la sociedad civil ya había estallado. Por eso va a ser difícil domesticar este convoy desbocado. Lo van a intentar todos, pero mientras la Virgen de Guadalupe estaba tranquila en su camerino y no deparaba sorpresas, el R-598 es un capullo imprevisible que te deja tirado en Torrijos en cuanto te descuidas y te roba la estrategia y el discurso.






