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laopinion.es

18 octubre 2013

Yo no me bajo en la próxima

Las voces de Néstor Galván y Tairuma Méndez convirtieron ayer el trayecto del tranvía en un viaje hacia el mundo de la ópera para promocionar 'Così fan tutte'

g. redondo 17.10.2013 |

 

El tranvía se convirtió ayer en un escenario en movimiento donde los pasajeros disfrutaron de un espectáculo de ópera en primera fila de butacas. Tairuma Méndez y Néstor Galván, intérpretes del coro de Ópera de Tenerife, aparecieron con sus mejores galas en el vagón central. Entre miradas perplejas y viajeros despistados en sus ensoñaciones o mirando por la ventana las voces de los cantantes tinerfeños comenzaron a cantar a dúo. A pesar del movimiento del tranvía la melodía fue in crescendo consiguiendo lo que muchos queremos por las mañanas, apagar la repetitiva melodía del tranvía que alerta de la próxima parada a cada paso. Algunos pasajeros dejaron que se les pasara la suya con tal de poder disfrutar de unas voces que cortaban la respiración.

Este recorrido por algunas de las arias más famosas de la ópera, como el brindis de La Traviata, de Verdi, fue una iniciativa de Ópera de Tenerife para acercar este género a aquellos que no lo conocen e invitarlos al Auditorio de Tenerife Adán Martín donde el próximo 24 de octubre levanta el telón Così fan tutte, de Mozart, hasta el domingo 27 de octubre. En la ruta más movida la pareja de intérpretes aprovechaba para sentarse con los pasajeros y ofrecerles unas volanderas que al presentarlas en la taquilla del auditorio recibían un descuento del 50% de descuento. Hoy repetirán la ación en Guajara y mañana lo harán en el mercado capitalino y el sábado en el lagunero. Con esta oportunidad la entrada se queda a precio de cine, unos siete euros y medio, con lo que el Festival de Ópera de la Isla se quita el traje de arte elevado, dirigido a los entendidos y a precios desorbitados.

"La gente piensa que la ópera está destinada a un público mayor, aburrido, pero eso ha cambiado y más ahora con las nuevas escenografías", comentó Néstor Galván, que actuará el próximo noviembre en Nabucco, de Verdi. Por su parte, Tairuma Méndez que actúa en el Così fan tutte adelantó, que en el escenario de esta ópera, ambientada en la Norteamérica de los 50, también habrá movimiento.

Y mientras el tranvía seguía su viaje, Juan Felipe, tarareaba con la mirada perdida mientras enrollaba el papel de la oferta porque él, como buen socio de la ópera, tiene hace meses su entrada, desveló orgulloso. Aunque se conoce el aria que entona Tairuma Méndez disfruta esta iniciativa que "acerca la ópera a la juventud que no sigue este género porque piensan que es para gente mayor pero están equivocados, un espectáculo muy bonito". Uno de los jóvenes que iban a clase, Enrique González, entró como hace todas las mañanas con los cascos escuchando música. Al ver la original escena se los quitó y disfrutó del recital, aunque reconoce que no es su tipo de música.

Unos tímidos aplausos cortaban el silencio que se había adueñado del tranvía por respeto a la pareja de artistas que entre miradas y sonrisas cómplices se iban dando la entrada a cada tema. Cuanto más tiempo los intérpretes líricos compartían barra de tranvía los aplausos se hacían más sonoros y algún que otro bravo se escapaba al abrir la puerta.

Para ellos fue "toda una aventura, aunque fue una experiencia difícil por el movimiento del tranvía", señalaron. Para muchos pasajeros fue un viaje embriagador que empujará a algunos al Auditorio de Tenerife como es el caso de Noemí Fernández que se subió al tranvía después de hacer una visita a un familiar en la Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria, en Ofra. "Me he animado a ir y espero que mi hijo que acompañe", dijo emocionada. Luisa González se había subido en la misma parada con su marido y las dos voces habían conseguido ponerle los pelos de punto y Néstor Galván casi le arranca unas lágrimas de emoción. "Venía baja de moral y esto me ha animado", comentó esta señora que destacó como esta música consigue alegrarte el corazón. González, acompañada de su marido, remarcó que él quería coger la guagua y fue ella la que la empujó dentro del tranvía, "menos mal", dice. Y sonríe. Llegada al Intercambiador. Fin del trayecto.

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