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viernes, 26 de marzo de 2021

LOS TRANVÍAS DE BARCELONA (IIII)

 

 

Coche motor Nº 7 del Tramvia Blau fotografiado junto a la estación inferior del funicular del Tibidabo. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

 

El Tramvia Blau 

Uno de los pocos tranvías que escapó al monopolio que ejerció Les Tramways de Barcelone desde 1911 fue el del Tibidabo, popularmente conocido como el Tramvia Blau por el intenso color azul que decoraba las carrocerías de sus vehículos. Esta pequeña línea fue construida por la empresa promotora del parque de atracciones situado en la cima del Tibidabo y formaba parte de los sistemas de transporte construidos por esta sociedad para conectar sus instalaciones con el centro de la ciudad.

 

El coche N.º 7 desciende desde el Tibidabo. Fotografía de Jordi Escudé i Coll. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

 

El Tramvia Blau tiene su origen en el cruce de la calle Balmes con el Paseo de Sant Gervasi, actual plaza Kennedy, punto al que llegaba la red de tranvías urbanos de la ciudad. En una rápida subida, con rampas que prácticamente alcanzaban el 8%, recorría 1.390 metros hasta alcanzar la estación inferior de un funicular, el primero de España, que permitía culminar el ascenso hasta la cima del Tibidabo en la que se emplazó el parque de atracciones.

 

Enlace entre la red de tranvías urbanos de Barcelona y el “TramviaBlau” en la plaza Kennedy. Fotografía de Christian Schnabel. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril
 

 

Aunque su explotación, iniciada el 25 de octubre de 1901, era completamente independiente de los restantes tranvías urbanos, la vía se estableció con el mismo ancho que el de las líneas que llegaban a su entorno, es decir, el internacional. Esta misma medida se empleó en la ampliación del trazado realizado entre la estación inferior del funicular y el barrio de Vallvidrera, abierta al servicio el 18 de abril de 1905, prolongación que exigió aumentar el parque inicial de tranvías, compuesto por cuatro unidades construidas por La Material de Barcelona con equipos eléctricos de La Industria Eléctrica de Cornellá, con otros seis coches, de mayores dimensiones, pero suministrados por los mismos fabricantes.

 

Trabajos de reparación del trole del coche N.º 9 en los talleres del Tramvia Blau. Fotografía de Jordi Escudé i Coll. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

 

La construcción en 1907 de un nuevo acceso a Vallvidrera, mediante un funicular que conectaba directamente con el ferrocarril de Barcelona a Sarriá, pronto restó demanda a la prolongación del Tramvia Blau y aunque el concesionario adquirió tres nuevos coches de reducidas dimensiones con el fin de limitar al máximo los gastos de explotación, la falta de rentabilidad del servicio provocó el cierre definitivo de este tramo en 1936. De este modo, su recorrido quedó definitivamente limitado al trayecto original desde Sant Gervasi hasta la estación inferior del funicular.

 

Coche N.º 8 en la plaza del Funicular. Fotografía de Trevor Rowe. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

 

Al tratarse de un servicio directamente vinculado a la explotación del parque de atracciones, el Tramvia Blau pudo eludir la municipalización de los tranvías de la ciudad en 1957 y, con ello, la supresión de la red de tranvías urbanos culminada en 1971. Sin embargo, su rentabilidad era cada vez menor, por lo que en 1979 el concesionario decidió ceder la explotación a la ciudad. Afortunadamente, eran otros tiempos y el tranvía ya se había convertido en un auténtico icono de la ciudad, así que, en lugar de clausurarlo, el consistorio decidió mantenerlo y renovarlo en dos fases, la primera, en el tramo superior, el más accidentado, en 1985, y el resto del trayecto, en 1991. Además, el consistorio restauró uno de los primeros coches de la línea y adaptó una antigua “jardinera” de la red urbana para prestar servicio en este difícil trayecto.

 

 El Tramvia Blau N.º 8 asciende por la avenida del Tibidabo. Fotografía de Juanjo Olaizola Elordi
 

 

Con el paso del tiempo, el Tramvia Blau se ha convertido en una atracción turística de primer orden y uno de los iconos de Barcelona. Lamentablemente, hace tres años se tuvo que suspender el servicio, según sus gestores, ante la falta de seguridad de las instalaciones. Posteriormente se han realizado algunos proyectos para su reapertura, aunque estos se han pospuesto por diversas circunstancias, incluida la actual situación sanitaria provocada por el virus Covid-19. Es de esperar que esta paralización, que se alarga ya demasiado en el tiempo, sea solo coyuntural y que el histórico tranvía vuelva pronto a las calles de la capital catalana y que lo haga con el rigor exigible en unos vehículos e instalaciones que, no olvidemos, forman parte del patrimonio cultural de la capital catalana, sin cometer errores como los realizados en algunas recientes intervenciones, poco afortunadas y en las que no se ha sabido respetar elementos de incalculable valor, como los equipos de tracción, fabricados en Catalunya por la Industria Eléctrica Española de Cornellá, auténticos pioneros en la historia de la tracción eléctrica en nuestro país.

 

 

 

 
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