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Fachada de la antigua estación de Ciudad Real, Fotografía de Juan Bautista Cabrera. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

El 1 de mayo se conmemora el 140 aniversario de la apertura al tráfico de viajeros del ferrocarril directo de Madrid a Ciudad Real. Sin embargo, esta es únicamente una de las al menos cinco fechas que pueden ser consideradas como inaugurales de esta vía férrea, ya que el 3 de febrero de 1879 se celebró su inauguración oficial, con presencia de las más altas autoridades nacionales de la época, mientras que el servicio de mercancías no se inició hasta el 31 de marzo del mismo año. Pero, además, su trazado sirvió de base para la construcción de la primera línea de alta velocidad de España, la de Madrid a Sevilla, oficialmente inaugurada el 14 de abril de 1992 pero abierta al tráfico el 21 del dicho mes.

En realidad, varios años antes ya se había abierto la comunicación ferroviaria entre Madrid y Ciudad Real, aunque por una ruta indirecta que aprovechaba la gran dorsal de la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA), su línea del Mediterráneo hasta Alcázar de San Juan, y su continuación a Andalucía hasta Manzanares. La sección desde esta localidad manchega a Ciudad Real fue otorgada el 18 de abril de 1859 a un personaje estrechamente vinculado a la compañía de MZA, Antonio de Lara, Marqués de Villamediana, quién, de inmediato, procedió a la transferencia de la concesión a dicha empresa, de modo que sería esta sociedad la que finalmente construyese esta vía, inaugurada el 14 de marzo de 1861. Estación de Manzanares, origen del primer ferrocarril a Ciudad Real. Fotografía Juan Bautista Cabrera. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

¡A Portugal!

El ferrocarril de Manzanares a Ciudad Real no era sino la primera etapa de un proyecto mucho más ambicioso: la comunicación de España con la vecina Portugal. Sin embargo, pese al manifiesto interés de MZA por controlar todas las comunicaciones ferroviarias del sur peninsular, las dos restantes secciones en las que se había dividido la construcción de la línea hasta la frontera, de Ciudad Real a Mérida y de Mérida a Badajoz, escaparon de su control directo ya que, tras la oportuna subasta, ambas fueron adjudicadas el 19 de diciembre de 1859 a José Forns, quien inició las obras el 4 de marzo de 1860. Pronto se pudo comprobar que este promotor no tenía suficiente capacidad para afrontar la empresa en solitario y poco después traspasó su concesión a la Compañía de los Caminos de Hierro de Ciudad Real a Badajoz, constituida el 26 de marzo de 1861. El Consejo de Administración de la nueva compañía estaba presidido por el político moderado Alejandro Mon Menéndez, a quién acompañaban otros destacados políticos de la época como Claudio Moyano, el ingeniero José Canalejas y Casas, el propio José Forns, dos banqueros franceses; el duque de Glüksberg y Jean Linmandu, y los representantes de los principales contratistas del proyecto: José Barbería, responsable de las obras de explanación, y François Laveurs y Eugène Blin, de la sociedad francesa Parent et Schaken, adjudicataria del material móvil, las estructuras metálicas y otros elementos de la línea.

Una vez constituida la Compañía de los Caminos de Hierro de Ciudad Real a Badajoz, los trabajos de construcción adquirieron un buen ritmo, lo que permitió la progresiva puesta en funcionamiento de la totalidad del trayecto entre los años 1864 y 1866. De este modo, el 22 de noviembre de 1866 se pudo abrir la nueva vía al servicio público, aunque la inauguración oficial se retrasó hasta el 11 de diciembre siguiente, para aprovechar el viaje oficial a Lisboa que tenía previsto realizar la reina Isabel II para esas fechas. Vista de los andenes principales de la estación de Ciudad Real. Fotografía de Juan Bautista Cabrera. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

La línea directa

Como se ha señalado, la ruta elegida para la construcción de la primera comunicación entre Madrid y Lisboa daba un notable rodeo y, de hecho, era necesario cubrir 886 kilómetros, cuando, en la actualidad, la distancia entre ambas capitales por autopista no supera los 630 kilómetros. Claro está que, en aquella época, la carretera no era rival para el tren, pero cuando desde Portugal se incentivó la construcción de una línea más directa por el valle del Tajo, la Compañía de los Caminos de Hierro de Ciudad Real a Badajoz vio seriamente amenazado su negocio y, en consecuencia, decidió construir un acceso más directo desde Madrid.

El 15 de diciembre de 1876 la Compañía de los Caminos de Hierro de Ciudad Real a Badajoz obtuvo la oportuna concesión para construir la línea directa de Madrid a la capital manchega. Con el nuevo trazado, esta empresa no solo obtenía un acortamiento de 93 kilómetros en la ruta de Madrid a Lisboa, sino que, además, podría controlar todo el trayecto desde la capital de España hasta la frontera portuguesa, sin depender de otra empresa, MZA, para cubrir la primera etapa de este trayecto internacional. Coche de viajeros prestando un servicio entre Ciudad Real y Manzanares. Fotografía de Juan Bautista Cabrera. Archivo Euskotren/Museo Vasco del Ferrocarril

El nuevo proyecto fue recibido por MZA con abierto rechazo, ya que, como es evidente, le restaría tráfico a sus líneas, pero tampoco resultó del agrado de la otra gran compañía ferroviaria española, la del Norte, que temía la competencia de los carbones de Bélmez y Peñarroya en los mercados madrileños, frente a los asturianos con los que ellos abastecían a la capital española. En consecuencia, desencadenaron una dura campaña de prensa contra el tren directo, liderada por la Gaceta de los Caminos de Hierro. En todo caso, los esfuerzos de ambas sociedades fueron vanos y la Compañía de los Caminos de Hierro de Ciudad Real a Badajoz emprendió las obras el 1 de noviembre de 1877. Como señala Juan Pedro Esteve García en su gran obra El ferrocarril Madrid-Ciudad Real-Badajoz, la construcción de esta gran sección fue encomendada al contratista Juan Bautista Daduerni.

Las obras de construcción del ferrocarril directo de Madrid a Ciudad Real se desarrollaron con celeridad, gracias a una topografía muy favorable para esta clase de obras, donde los principales obstáculos fueron el cruce del río Tajo y el de la divisoria de aguas entre este río y el Guadiana. De este modo, en apenas catorce meses se construyeron los 170 kilómetros del nuevo trazado y, como ya se ha señalado, el 3 de febrero de 1879 el rey Alfonso XII presidía la inauguración del nuevo trayecto, para continuar el viaje, tal y como había hecho su madre trece años antes, a la frontera con Portugal. Publicado por Juanjo Olaizola en 19:51

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