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6 noviembre 2018
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- 6 nov. 2018 02:01
La rehabilitación de las líneas ferroviarias norcoreanas se convierte en el eje de la cooperación entre Sur y Norte, al que se opone EEUU
La fascinación de la saga que controla Corea del Norte desde 1945 por los ferrocarriles constituye un legado de la figura histórica que apoyó la creación de ese estado: Iosef Stalin.
Por eso los trenes blindados que regaló el dictador a sus homólogos norcoreanos son preservados y exhibidos como reliquias en el Palacio de Kumsusan, donde reposan los cadáveres momificados de los dos primeros Kim.
La narrativa oficial de los guías de ese habitáculo, uno de los más simbólicos para el régimen norteño, asegura que Kim Jong-il falleció de un ataque al corazón mientras circulaba en el vagón color verde oliva que se guarda -dicen- como estaba en el preciso instante en el que murió el dirigente.
El compartimento personal exhibe la mesa que utilizó el dictador incluido su supuesto ordenador portátil: un Mac norteamericano. "Acababa de firmar una orden que dictaba la entrega de pescado a toda la población para celebrar el fin de año", explicó una de las guías oficiales del complejo a este periodista en una reciente visita al país.
La devoción del segundo Kim y de su padre por los viajes mediante este medio de transporte llegaron a definir la política exterior de Corea del Norte -se apodó la "diplomacia del ferrocarril"- llevándoles a recorrer miles y miles de kilómetros. Una práctica que alcanzó su clímax en el recorrido que protagonizó Kim Il-sung en 1984 a bordo de su tren privado, donde atravesó China, la Unión Soviética y alcanzó Alemania del Este, visitando asimismo otros seis países de la misma alianza.
El antiguo diplomático ruso Konstantin Pulikovsky, que viajó en el tren de Kim Jong Il, durante la visita que realizó el mandatario norcoreano a ese país en 2011, describió un periplo donde el líder se hacía traer "langostas vivas", exigía que le enviaran por avión "desde París, cajas de vino de Bordeaux y Burgundy" y "era posible pedir cualquier plato de la cocina rusa, china, coreana, japonesa o francesa".
Contraste con China
La actual estación central de Pyongyang es también un recuerdo al estilo arquitectónico del "realismo socialista" que imperaba cuando se reconstruyó, en 1958, tras ser arrasada durante la guerra de Corea. Sin embargo, el tren que cubre el trayecto que discurre entre la capital y la ciudad fronteriza de Sinuiji es chino, confirmando la influencia que ha mantenido el país vecino en el precario desarrollo norcoreano de los últimos años.
El viaje de 167 kilómetros entre ambas ciudades y el paso hasta la metrópoli china de Dandong es un reflejo de cómo estos países que compartieron en su día la misma orientación política hoy semejan ser dos universos tan divergentes como la traza de población anclada en el pasado que aparenta Sinuiji y la hilera de rascacielos que define el paisaje de Dandong.
En Corea del Norte, el limitado número de edificios de altura -empezando por la imponente silueta del inacabado Hotel Ryugyong- se desvanece nada más abandonar Pyongyang. A partir de ese instante, el ferrocarril atraviesa la campiña del oeste de Corea del Norte, pasando entre estaciones desvencijadas, donde la única pintura fresca es la que rodea a los impolutos retratos de Kim Il-sun y Kim Jong-il, rutas de tierra -el cemento es una rareza-, aldeanos que se lavan en los ríos, sembrados interminables y poblaciones dominadas por una estricta uniformidad arquitectónica donde nunca faltan los monumentos que rinden loa a los dirigentes desaparecidos.
Los escasos trenes que se divisan durante el camino suelen ser viejos vagones de pasajeros o convoyes destinados al transporte de carbón.
Todo un contraste con las líneas de alta velocidad y los ferrocarriles de diseño aerodinámico que se extienden por el territorio chino, y la constatación del enorme desafío que supone rehabilitar el trazado vial del país norteño, uno de los elementos claves del ambicioso plan de cooperación intercoreano trazado por el presidente Moon Jae-in.
Técnicos de Seúl y Pyongyang comenzaron a revisar las líneas férreas norteñas en julio y pretenden iniciar el proyecto antes de que concluya el año.
Suspicacia en Washington
Sin embargo, estos planes han propiciado un enorme resquemor en Washington, que el propio Donald Trump canalizó a través de unas declaraciones que ahondaron la






