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29 enero 2019
Asturias
El temporal en Asturias arrastra a Feve a su peor crisis
Por tercer día la red pasó parte de la jornada cerrada al completo, algo no visto ni en la guerra civil
Los cielos dieron un respiro a la región, momentáneo antes del frente que viene mañana cargado de nieve, frío y olas de seis metros. Apenas 7,7 litros de agua se recogieron en la zona del aeropuerto, el punto más chubascoso de Asturias ayer, pese a que el dato resulte ridículo si se lo compara con lo ocurrido del martes al jueves. Las precipitaciones, dicen los meteorólogos, nunca fueron «muy fuertes», pero de tanto prolongarse acabaron descargando cantidades de agua históricas. Cuatro muertos deja el episodio, cinco centros educativos que ayer tampoco pudieron abrir, 169 incidencias en las carreteras autonómicas con 21 de ellas todavía con cortes, y la peor crisis a la que se ha enfrentado Feve.
La compañía inició la mañana sin un solo tren disponible para los 5.450 pasajeros que diariamente siguen confiando en la vía estrecha para acudir a sus puestos de trabajo, estudio o librar los desplazamientos por motivos de ocio y familia. En vez de ferrocarriles, Feve dispuso autobuses para parte de los afectados y dejó a la plantilla a la espera de recibir órdenes. La operadora depende por completo del esfuerzo desplegado por los operarios del Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) y sus subcontratas para sacar a los trenes de las estaciones donde estaban retenidos.
El gestor de las infraestructuras echó ayer el resto y movilizó a la plantilla propia y subcontratada, haciendo balance de daños, retirando el lodo, calculando el rosario de obras a ejecutar en los próximos días. Encontraron árboles que habían roto la catenaria, postes tirados, trincheras que no aguantaron y terminaron descargando roca y lodo sobre la traza, un par de tramos con las vías directamente en el aire porque los ríos se llevaron la tierra y el balasto que la sustentaban.
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Estado de la vía en Cabañaquinta esta mañana. /
El desastre es de los que marcan una época. La historia de la vía estrecha en la región se remonta al 22 de octubre de 1888, cuando la compañía de los ferrocarriles Económicos de Asturias inició la ejecución de la línea Oviedo-Infiesto. Promovida por el ingeniero Jerónimo Ibran Mula, entró en servicio tres años después. Desde entonces y gracias al empuje y las necesidades de la minería, las fábricas de armas y los puertos, la malla se fue desplegando por el territorio, hasta conformar el mapa de 475,47 kilómetros de vías que ofrece hoy.
Los especialistas consultados confirman que ni siquiera en la guerra civil la red tuvo que cerrarse por completo. «Al iniciarse la contienda, el 19 de julio, sí se paraliza todo menos los transportes militares», explica Javier Fernández, director del Museo del Ferrocarril. Eso dura una semana y después «se va abriendo al público por tramos», completa. Las huelgas, daños por sabotajes y acciones bélicas irán provocando cierres parciales, limitados a determinadas zonas.
Esa continuidad se quebró el miércoles a las 17.30 horas. Dada la magnitud de incidencias que notificaban los maquinistas y después de registrar el primer descarrilamiento de un tren con pasajeros, Adif decretó el cierre de toda la red interior, desde Muros de Nalón hasta Ribadesella. El jueves llegó a tener el 46% de la red fuera de servicio, hasta que a las 20.30 horas, y sin que mediara notificación oficial, los trabajadores recibieron la instrucción de suspender las circulaciones. Así amaneció ayer de nuevo la compañía. A las 12 horas el intenso trabajo de los operarios de Adif recuperó los tramos Gijón-El Berrón y Oviedo-Infiesto. Dos horas después empezaron a circular los cercanías en el segmento Baiña-Figaredo. A las 16.30, de nuevo sin que mediara notificación en los canales oficiales de Adif o Feve, se recuperó el tráfico en el resto de la zona central. Esta mañana la compañía espera poder prestar el servicio salvo en Figaredo-Collanzo, El Berrón-Laviana, Infiesto-Llanes, y Cudillero-Ribadeo.
Entre los usuarios y políticos existe la percepción de que parte de este desastre obedece al desborde de los ríos, pero que una limpieza de la vegetación de los márgenes y un mantenimiento adecuado de las trincheras habría reducido las incidencias. «Hay muchos daños, se ha descalzado en algunos lugares las líneas y eso creo que va a tener paralizadas determinadas líneas durante cierto tiempo», asumía ayer el presidente regional, Javier Fernández, desde Madrid. Su consejero de Infraestructuras ya había dicho que lo sucedido debe servir para reclamar «un poco más» la renovación de la red.
Temor a perder la conexión
Preocupan, sobre todo, los tramos de vías que han quedado al aire, en Arobes (Parres) y Cabañaquinta (Aller). «Nos quedamos sin tren para siempre», temían los alleranos al comprobar que el río se ha llevado unos 200 metros del trazado. Manuel Díaz, vecino de Santa Ana explicaba que «nunca invirtieron en el tren de Aller y ahora colocar de nuevo la vía va a ser muy caro. Nunca lo harán. Tenemos que decir adiós al tren para siempre».
Vecinos y usuarios de la línea de Feve entre Baiña y Cabañaquinta llevan años reclamando mejoras en un servicio que es habitual que se haga en autobús. «Sufrimos falta de máquinas, trenes muy viejos, averías continuas y ahora esto», apuntaba Mariana Pelaez
Díaz observaba junto a otros vecinos cómo los técnicos de Adif acometían durante la mañana de ayer los primeros trabajos en el tramo afectado. Una de las primeras decisiones, fue la de cortar la vía desde la orilla, para que la fuerza del agua no siguiera tirando de ella y desmontando nuevos tramos.
Los vecinos lo tienen claro. «Por aquí baja el refuerzo de Serrapio y con tanta fuerza se unió al Caudal y entre los dos comieron más de 300 metros a pumaradas y praos, y en medio estaba la vía del tren; si no siguió cayendo la vía, es porque el río topó con una zona de cascayu y no pudo con él», describía Díaz.






