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ELPAIS.COM

7 enero 2014

Un museo para el metro de Madrid

La asociación Andén 1 reclama un espacio para el material de la red de la capital

Londres o Nueva York disponen ya de sus propias salas sobre el transporte público

 Madrid 7 ENE 2014 - 08:35 CET

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Interior de las dependencias del depósito de Metro en Cuatro Caminos. / SAMUEL SÁNCHEZ

El magistrado de la Audiencia Nacional posó con la mirada perdida y un vetusto bigotito muy de la época. El carné data de 1936 y era “personal e intransferible” a favor de Gonzalo Sancho, juez. En la entonces joven red de Metro de Madrid, las personalidades relevantes disponían de un pase anual para moverse por la red sin limitaciones, como el actual abono de 12 meses, pero gratuito. En pleno estallido de la Guerra Civil, es previsible que también fuera útil para el acceso a unos túneles que, además de transportar madrileños por el centro de la ciudad, sirvieran como refugio durante los bombardeos.

Más de 70 años después, el cartón gris con la imagen del prohombre descansa en una de las 10 librerías que César Mohedas destina en su casa a legajos, pases, billetes, contratos y centenares de documentos de la red madrileña, una afición a la que ha dedicado gran parte de su tiempo libre desde que era un niño. El carné es la última adquisición de su colección, recopilada con la ayuda de Internet en webs como eBay o todocoleccion.net. El billete de libre circulación de 1936 le costó 60 euros, pero ha pagado hasta 250 por un álbum con fotografías de los años veinte del pasado siglo en las que aparecen las antiguas plantillas de trabajadores o algunas de las primeras estaciones de la red que financió en parte el rey Alfonso XIII.

Carné de libre circulación adquirido por un particular, César Mohedas.

Solo los amigos han visto todo lo que guarda Mohedas de Metro en su piso de la calle de Goya, como las escrituras de constitución de Metro, fechadas en 1917 y con la rúbrica de sus tres diseñadores: Carlos Mendoza, Miguel Otamendi y Antonio González Echarte. Posiblemente, este trabajador de un almacén de jabones es, a sus 50 años, la persona que más documentación atesora de la red. “Metro no se ha dirigido nunca a mí para pedirme este material, Madrid no tiene museo porque sencillamente las instituciones no han puesto interés”, lamenta.

Si la colección de Mohedas fuera de piezas y documentos del Metro de Londres, por ejemplo, estaría perfectamente expuesta en el Museo del Transporte de la City. La sede de la capital británica es el principal referente de la asociación de amigos de Metro de Madrid Andén 1, el grupo al que pertenecen Mohedas y otras 50 personas. Han firmado un convenio con Metro en el que se comprometen a ceder material y custodiarlo en caso de que algún día se ponga en marcha el museo que reivindican desde hace más de un lustro.

Londres, Nueva York, Berlín o Lisboa disponen de un museo propio destinado a distintos tipos de transporte público. Madrid, por su parte, alberga restos en algunos vestíbulos y recuperó la vieja estación de Chamberí como museo, pero nunca ha recopilado toda su historia bajo un mismo techo.

Los socios de Andén 1 reclaman un local en el que recoger el material que ahora custodian en sus casas o los trenes antiguos, semáforos y raíles arrumbados en viejas dependencias que Metro ha puesto a la venta, como el depósito de Cuatro Caminos. La empresa pública, centrada en ventas y comercializaciones de todo tipo de merchandising—abarca hasta los nombres de las estaciones, como Vodafone Sol— no se ha mostrado de momento muy decidida a poner fecha a la petición de la asociación, que ya le ha enmendado la plana en otras ocasiones.

Cuando Metro editó en 2007 un polémico plano que perdía las referencias geográficas (que retiraron de la circulación el pasado mayo), los socios de Andén 1 editaron un mapa propio con las líneas de metro, tranvía y cercanías, en inglés y español. Cuando se cumplió el 90º aniversario de la red, en 2009, echaron en falta “un buen libro” y editaron uno propio. Habilitar un museo por su cuenta les resultaría algo más complejo.

“Necesitamos que Metro se involucre, no disponemos de material móvil”, añade Eduardo Gallego, vicepresidente de la asociación. Sugiere espacios como el depósito de Cuatro Vientos o la estación de Arganzuela Planetario, que la empresa pública puso en alquiler tras desalojar parte del material antiguo que había recopilado en las dependencias. “Es importante que la ciudad tenga memoria de sí misma”, añade Gallego. Es un hombre paciente. “¿Para cuándo el museo? En 2019 se cumple el centenario... No sería un mal momento, ¿no?”.

 

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