Maquinista de Vapor

Juanjo Olaizola "Maquinista de trenes de vapor"
Entrevistado por Elena Guisasola
DURANGO.¿Cómo terminó conduciendo una locomotora a vapor?

Es parte de mi trabajo. Soy responsable del Museo Vasco del Ferrocarril en Azpeitia y allí tenemos locomotoras de vapor.

¿Cuándo fue la primera vez que se puso al 'volante' de una de ellas?

Unos quince años.

¿Es una tarea complicada?

No. En el fondo son máquinas de mecanismos muy sencillos, no tienen nada que ver con la complejidad de un tren moderno a los que estamos acostumbrados actualmente, pero requieren más atención porque no cuentan con los sistemas de seguridad, vigilancia y supervisión de un tren moderno. Hay que estar más pendientes, pero su manejo es muy sencillo.

Pero no se limitará a echar carbón y echar a andar, ¿verdad?

A groso modo sí. Echas carbón y andas. Hay que quemar el carbón para calentar el agua de la caldera para que produzca vapor y una vez que has conseguido la presión necesaria, que suelen ser unas doce atmósferas, la máquina puede realizar el servicio perfectamente.

¿Qué ventajas tiene viajar en una locomotora a vapor frente a los trenes modernos?

La verdad es que ninguna, salvo el encuentro con el pasado que puede suponer el viajar en un tren del siglo XIX. De cara al viajero, desde luego, van mucho mejor en los actuales trenes de EuskoTren, que son bastante más confortables, pero éstos tienen el romanticismo que comparten todas las cosas del pasado.

¿Podría nombrar alguna desventaja?

Van más lentos, echan humo...

Y cuando se rompe algo...

En realidad en este tren los problemas se solucionan más rápido porque son máquinas muy simples. Si el incidente tiene solución se arregla de inmediato, pero si tiene una avería grave sólo se puede corregir en el taller, pero ocurre lo mismo con los trenes modernos. Lo que no tienen son esas pequeñas averías de los ferrocarriles actuales que con tanta electrónica pasa como con los ordenadores, que tienes que apagarlo y volver a encenderlo. Como no tiene apenas mandos, ni equipos complementarios, ni nada de nada, son muy simples y muy robustos en ese sentido.

¿Le suelen decir que tiene un trabajo algo anticuado?

La verdad es que sí, no lo puedo negar.

¿Hay jóvenes interesados en aprender los entresijos de conducir una locomotora a vapor o todo lo que no tenga cables no les interesa?

Nosotros en el museo todos los años organizamos unos cursos de iniciación a la tracción a vapor para que todo aquel que esté interesado en conocer cómo funcionaban todos estos ingenios del pasado pueda adquirir durante una semana, por lo menos, las nociones básicas de los mecanismos de una locomotora a vapor e incluso hacer unas prácticas de conducir con ellas. Viene mucha gente porque es toda una experiencia.

No será una profesión con muchas salidas...

No tiene mucho futuro (risas).

¿Qué es lo que más llama la atención de sus viajeros?

Depende. La gente mayor que lo ha conocido te comenta sus recuerdos y vivencias del pasado, en cambio los jóvenes dicen que parece un tren de los vaqueros o de Harry Potter. Pero realmente son trenes que en su día dieron la vida al ferrocarril de Euskadi en sus inicios.

¿Está acostumbrado a que le saquen fotos?

Es normal. Incluso es una alegría que a la gente le llame la atención y quiera guardar un recuerdo de ese viaje o ese tren a vapor.