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Los Blogs de Vía Libre: Viaje por Londres, Dublín y Belfast
 
 
 
Viajes Ferroviarios de ayer, hoy y mañana, de Miguel Ángel Matute, Ferrocarril y Arte, de Jordi Font-Agustí, e Historias del tren, de Juanjo Olaizola

Últimas entradas en los blogs: Belfast: Great Victoria Station, centro de la movilidad en Irlanda del Norte; Belfast: Próxima estación, Titanic Quarter; Explorando el ferrocarril en Irlanda; Dublín: la odisea ferroviaria de James Joyce; Dublín: el Trinity College y el ferrocarril en Irlanda; De Londres a Cork (Irlanda): poniendo a prueba la intermodalidad británica; El lento y largo camino de la alta velocidad ferroviaria; Crossrail: horadando el corazón de Londres; London Bridge: la primera estación ferroviaria de Londres; Los chicos del ferrocarril llegan a España; y La ternura en el metro de NY según Matt Weber son los últimos e interesantes comentarios sobre el mundo del ferrocarril. Todos ellos pueden encontrarse en toda su extensión en www.vialibre.org

 
 
 

(22/11/2013) 

Blog Viajes ferroviarios de ayer, hoy y mañana, de Miguel Ángel Matute

Belfast: Great Victoria Station, centro de la movilidad en Irlanda del Norte. El larguísimo reinado de la reina Victoria I del Reino Unido (64 años) consolidó muchos cambios en la vida británica y entre ellos en el estilo de las estaciones de la red ferroviaria, que alcanzó también a Irlanda. Cuando se inició el ferrocarril en esta isla, la pequeña red inicial se articuló en torno a dos ciudades: Dublín y Belfast.

 

Belfast: Próxima estación, Titanic Quarter. No ha habido un naufragio que haya producido tanto rédito como el del Titanic: veintitrés películas, varias de ellas muy taquilleras, dieciocho telefilmes y series de TV, decenas de libros... y desde hace poco más de un año una atracción turística que reúne a miles de visitantes en Belfast. Pero la marea publicitaria crece y crece sin parar hasta el punto que también ha llegado al ferrocarril. Y como muestra, la estación que lleva por nombre Titanic, perteneciente a la red de Cercanías de Belfast, en la línea de Bangor.

 

Explorando el ferrocarril en Irlanda. El comienzo del ferrocarril en Irlanda fue muy precoz en relación con el de otros países europeos. Su primera línea -de Dublín a Kingstown- data de 1834 y hoy sigue funcionando integrada en el sistema de transporte DART de la capital irlandesa. Una de las peculiaridades del ferrocarril de la isla es su ancho de vía: 1.600 milímetros, galga extraña en casi todo el mundo, que sólo poseen Brasil y parte de Australia.

 

Dublín: la odisea ferroviaria de James Joyce. Además de uno de los referentes clásicos de la literatura europea, el autor de “Ulises” y “Dublineses” viajó por toda Europa en ferrocarril. Son muchas las estaciones que recuerdan el paso del escritor con monumentos en sus andenes o alrededores.

 

Dublín: el Trinity College y el ferrocarril en Irlanda. Si la visita a Dublín está relacionada con el ferrocarril, es indispensable acercarse al Departamento de Ingeniería Mecánica de ese centro académico para comprobar hasta que punto estuvo relacionado con los comienzos del ferrocarril en Irlanda.

 

De Londres a Cork (Irlanda): poniendo a prueba la intermodalidad británica. Entre los grandes proyectos ferroviarios internacionales está unir Gran Bretaña e Irlanda por ferrocarril en varios puntos, a través del mar, entre ellos, en la relación Fishguard-Rosslare por el Canal de San Jorge. Sin esperar a que ese túnel llegue a hacerse, el autor se embarca en la aventura de recorrer la distancia entre Londres y Cork en tren y ferry.

 

El lento y largo camino de la alta velocidad ferroviaria británica. La primera línea de alta velocidad en Gran Bretaña fue la que une el Túnel del Canal de la Mancha con Londres (HS1). La segunda línea de alta velocidad, de la que tanto se habla (HS2), partiría de Londres hacia Birmingham para continuar, en una segunda fase, hacia Manchester y Leeds, en cada uno de los dos brazos. Pero quizá es menos conocido que los trabajos para poner en servicio trenes de alta velocidad en Europa se desarrollaron en Gran Bretaña bastante antes de que se inaugurase la línea de alta velocidad París-Lyon, primera de Europa.

 

Crossrail: horadando el corazón de Londres. La National Portrait Gallery es uno de esos museos que no debe dejar de visitarse cuando se va a Londres. En sus numerosas salas se recogen los retratos de aquellos hombres y mujeres que destacaron en la vida británica, en muy diversos campos y disciplinas. Y entre ellas no podía faltar la ingeniería. Y hablar de ingeniería en la Gran Bretaña del siglo XIX es hablar del ferrocarril.

 

London Bridge: la primera estación ferroviaria de Londres. Gran Bretaña fue la cuna del ferrocarril, pero no fue Londres el lugar donde comenzó ya que la primera línea, inaugurada el 15 de abril de 1830, unía las ciudades de Liverpool y Manchester. Cinco años antes el ingeniero inglés George Stephenson construyó una locomotora de vapor que arrastró varios vagones cargados con productos mineros y diligencias ocupadas por viajeros. Poco tiempo tardaría desde entonces en llegar el ferrocarril a Londres y fue el 14 de diciembre de 1836 cuando se abrió la estación de London Bridge, a la orilla del Támesis como cabecera de la línea entre Londres y Greenwich.

 
Blog Historias del tren, de Juanjo Olaizola Elordi

Historias del tren, de Juanjo Olaizola Elordi Locomotoras Engerth en España.Durante los primeros años del siglo XX, algunas compañías ferroviarias de vía estrecha del norte de España recurrieron a la adquisición de locomotoras de vapor semi articuladas sistema Engerth, con el fin de superar los inconvenientes que ofrecía la explotación de sus líneas.

 
Blog Arte y Ferrocarril, de Jordi Font-Agustí

Los chicos del ferrocarril llegan a España. Por fin aparece en español la traducción de un clásico de la literatura juvenil y ferroviaria como es Los chicos del ferrocarril (1906, The Railway Children), una de las obra más populares de la escritora británica Edith Nesbit. Ha sido editada por Berenice con traducción de Nuria Reina Bachot. 

 
La ternura en el metro de NY según Matt Weber. El fotógrafo neoyorquino Matt Weber se enamoró de la ciudad y de las gentes de Neva York cuando trabajaba de taxista y su posterior obra como fotógrafo es un testimonio de la belleza de la ciudad, pero también de la gente que sufre en ella. A lo largo de treinta años de trayectoria artística ha firmado sucesivos reportajes sobre los sintecho, la pobreza, la violencia y la exclusión social, pero nunca ha dejado de tomar instantáneas de las parejas que flirtean y se besan en los espacios públicos. Uno de los escenarios preferidos de Weber es el metro.
 
 

 

(FUENTE VIA LIBRE)

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