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ELPAIS.COM

14 noviembre 2013

Un deseo llamado tranvía

-La Asociación de Amigos del Guadarrama solicita a Renfe que baje las tarifas del tren que une Cercedilla y Cotos y que recupere la parada que se adentra en el Parque Nacional

Madrid 18 NOV 2013 - 11:32 CET

 

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Tren eléctrico que hace el recorrido Cercedilla-Cotos. / CARLOS ROSILLO

Madrid. Enero de 1951. El tren eléctrico del Guadarrama está parado en mitad de la vía. La nevada de ese día ha fundido uno de los motores a la altura de la estación de Siete Picos, a unos seis kilómetros del Puerto de Navacerrada donde finaliza el trayecto. La mayoría de los viajeros que están atrapados son trabajadores: sherpas, albañiles o carpinteros como Pedro Herranz. El muchacho, de 21 años, no se lo piensa. Se baja. Mira de frente a la Sierra madrileña. Se levanta la chaqueta. Se frota las manos. Y se adentra finalmente en la espesa niebla para continuar a pie el resto del trayecto. Al verle, sus compañeros siguen sus huellas. No hay muchas más opciones; los obreros segovianos encargados de quitar la nieve no llegarán hasta pasadas unas cuantas horas.

“Era eso o morirnos de frío en el vagón. Pero en aquella época teníamos buenas piernas”, evoca Pedro, apoyado sobre su bastón, 62 años después de aquella heroica caminata. Ahora tiene 83. El tiempo, sin embargo, no ha enfriado su relación con ese tren. “Entonces estaba de ayudante en la construcción del hotel Peñalara, ahí en el Puerto de Navacerrada. Me llevaba 10 duros todos los días; si me hubiera quedado parado, ese día no habría cobrado. Créame, ese tranvía ha socorrido muchos jornales”.

Técnicamente, aquellos intrépidos pasajeros partieron de un tren eléctrico de vía estrecha y no de un tranvía. El eléctrico de Guadarrama, como se le conoce, funciona desde hace 90 años y pertenece a la línea C-9 de Cercanías. El trayecto, casi un siglo después, ha variado: continúa saliendo desde Cercedilla, donde Pedro y sus compañeros se subieron aquel día, pero ahora llega hasta el Puerto de Cotos, en el término municipal de Segovia (Castilla y León). Su uso también es más turístico. Aquellos profesionales son hoy, en su inmensa mayoría, esquiadores y senderistas al abrigo de la ladera meridional de la Sierra del Guadarrama, donde el olor de los pinos encharca los pulmones. El paisaje, tantas décadas después, continúa siendo el mismo. Pero la frecuencia con que los pasajeros disfrutan de esas vistas se ha visto, eso sí, reducida en los últimos años.

Andén del tren de la línea C-9 de Cercanías. / CARLOS ROSILLO

Hay cuatro trenes al día mientras que hace dos años salía uno cada hora, según afirman varios trabajadores de esa línea. El precio del billete de ida también se ha incrementado –de 6,20 a 8,40 euros-, además de suprimirse ocho paradas intermedias como el apeadero de la colonia de Camorritos; hoy abandonado y medio derruido.

Ante este panorama, la Asociación de Amigos del Guadarrama teme que Renfe deje caer en el olvido la memoria viva de esa línea de 18,100 kilómetros (seis kilómetros y 200 metros de ella en territorio castellano leonés). Su presidente, Antonio Sáenz de Miera, lleva cerca de dos meses recogiendo firmas en la plataforma de activismo Change.org para que se recupere su estatus anterior. En el horizonte de su iniciativa está también el Parque Nacional de Guadarrama. Y más concretamente la posibilidad de que este tren recupere la parada de Siete Picos y pueda, así, desembocar dentro de este entorno natural de 33.960 hectáreas, de las que 21.714 pertenecen a la Comunidad de Madrid y 12.246 a Castilla y León. “El fomento del uso del tranvía podría contribuir a paliar el problema que supone la llegada de miles de vehículos al Parque, que se ha visto aumentada tras su reconocimiento nacional”. Sáenz de Miera solicita, asimismo, la creación de una serie de senderos peatonales entre esas estaciones que pide recuperar.

Desde Renfe argumentan que la frecuencia de ese tren se ha adaptado a la demanda. Y que en temporada de invierno y Semana Santa se refuerza. Los apeaderos son “facultativos”. Aunque la línea, aseguran, no corre ningún peligro de desaparición: “Es el llamado tren de la naturaleza y se fomenta mediante diferentes actividades lúdicas y de ocio”.

Sobre la propuesta de la Asociación de Amigos del Guadarrama, Renfe no se aventura: “En principio, llega hasta Cotos pero dentro de un año no se sabe qué pasará”.

Pese a sus 90 años, el eléctrico sigue teniendo las mismas piernas. Con una pendiente del 6%, ha superado todas las nevadas y averías posibles. La Sierra, casi un siglo después, continúa ululando a su paso.

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